Ssma. Trinidad: 22 DE MAYO 2016.
Hemos terminado el Tiempo Pascual. La Trinidad es un gran misterio. Dios es comunidad de amor. Aunque no podamos comprender, sí podemos creer. Hacer experiencia gustosa, fruitiva de Dios; un «saber» que es sabor, gusto, gozo, degustar; una «sabiduría» que es saborear. Para adorar y servir, siguiendo a Jesús y cuanto Él nos ha revelado. «El Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena» (Evang.). Adoramos «tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad» (Pref.). Un Dios-Amor, personal, cercano, amigo, que se revela para que lo conozcamos y amemos.
La Ssma. Trinidad es un misterio para ser vivido. San Agustín, maestro de la inhabitación de la Trinidad, nos dirá: «Él está donde se gusta la verdad, en lo más íntimo del corazón»»¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba…»»Tú estabas dentro de mí, más interior a mí que lo más íntimo mío y más elevado que lo más alto mío (interior íntimo meo et superior summo meo)».
En las Sagradas Escrituras, se presenta al Señor como «Dios misericordioso». Este es su nombre, a través del cual Él nos revela, su rostro y su corazón. Él mismo, como narra el Libro del Éxodo, revelándose a Moisés se autodefinió como: «Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad». ¡Qué hermosa es esta definición de Dios! Aquí está todo. Porque Dios es grande y poderoso, pero esta grandeza y poder se despliegan en amarnos. La fidelidad en la misericordia es el ser de Dios. Esta es la certeza de nuestra fe. Confiemos en Él, y experimentemos la alegría de ser amados por este Dios (Cf. Papa Francisco)
Con Jesús podemos asomarnos a la hondura de Dios. Él es el rostro de la misericordia del Padre. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret (MV 1), que hace visible a nuestros ojos el gran misterio del Amor trinitario de Dios. Teniendo la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso es posible captar el amor de la Trinidad. La misión de Jesús ha sido revelar el misterio del amor divino en plenitud (MV 8).Siempre nos anima para volver a empezar.
El don precioso que el Espíritu Santo trae a nuestro corazón es la vida misma de Dios, vida de hijos, una relación de confidencia, de libertad y de confianza en el amor y la misericordia de Dios. Presencia santificante. Una corriente eterna de amor que fluye entre el Padre y el Hijo, y que se derrama sobre nosotros.
Si Dios es Misericordia, también nosotros tenemos que ser misericordiosos y vivir en una efusión de amor y de misericordia. En esto radica la fuerza de este Año jubilar de la Misericordia.
+ En este día oramos a favor de los consagrados en la vida contemplativa, monjes y monjas. «Contemplad el rostro de la misericordia». Rezamos en señal de reconocimiento, admiración, estima y gratitud por lo que son y representan: Testigos de misericordia y profecía del amor.
