Dom. 12 TO/C. 19-6-16
Jesús está orando solo. Y dirige a sus discípulos unas preguntas provocadoras: ¿Qué dicen las gentes de mí?¿Y vosotros quien decís que soy? Hoy es fácil recoger opiniones sobre Jesús. Son muchos los libros que refieren lo que han pensado sobre Él los filósofos, los teólogos, los literatos y hasta los ateos.
La lectura orante de este Evangelio te ofrece una buena oportunidad para repasar sinceramente tu historia con Jesús. ¿Quién es Jesús para ti? ¿Qué lugar ocupa en tu vida? ¿Quién soy yo para Jesús? Preguntas que no son un examen de teología, sino que interpelan mi condición de creyente. De hecho, con la forma y estilo de vida que llevo, ya estoy respondiendo.
«Todo cristiano debe ser un especialista en Cristo. El mejor cristiano es el que mejor sabe y mejor pone en práctica los ejemplos y la doctrina de Jesús», oyó predicar un día G. Rovirosa, fundador de la HOAC, al inicio de su conversión.
Simón Pedro responde: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». La respuesta adecuada, una confesión de fe. Significa elegirle a Él como Salvador, elegir su modo de pensar, actuar y vivir. Es una adhesión sin límites, incondicional.
Dichosos nosotros si tenemos la valentía de proclamar: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Porque Jesucristo es, no sólo un «gran profeta», ni solamente un «lider» extraordinario, ni solo «el hijo del Hombre», sino «el Hijo de Dios». La divinidad de Jesucristo es el punto central.
Ser cristiano, vivir la fe, es tener una relación de amistad con Jesucristo resucitado. El Evangelio nos presenta el acercamiento a Jesús como una experiencia de amor. «Señor tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo». Porque este es un examen que no lo aprueba sólo la inteligencia: necesita la fuerza del corazón iluminado por la fe.
«Que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga». El Mesías no va a entrar por un camino triunfal, sino con la entrega de la vida. Elegir a Jesús como mi Dios y Señor, implica renunciar a «otros amores» que le desplacen, a otros intereses, a los pequeños o grandes egoísmos, a seguir el camino de lo cómodo, lo fácil, lo que me produce un interés mayor. Supone renunciar a esas excusas, no tengo tiempo, tengo mucho trabajo. Renunciar al amor propio para entregarme, por amor a Jesús, al bien de los demás. Y crecer en humildad, austeridad, generosidad, amor. La adhesión y el seguimiento implican fidelidad y perseverancia. No es políticamente correcto ser testigos de la verdad en un mundo de mentira y corrupción. No es fácil vivir contracorriente, ni atreverse a ser diferente. Sólo es posible caminando con el Maestro. «Quien busque la propia vida la perderá, quien la pierda la salvará» (Lc 17, 33). Querer salvar la propia vida, tenerla para sí; o darse y entregarse a sí mismo sin reservas, por Cristo y por los hermanos. Para poder experimentar cómo todo lo entregado en las manos del Señor retorna de un modo nuevo.
