DOMINGO 13 TO/C. 26-VI-16. DIA DEL PAPA

«Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén» (Evang.). San Lucas concede una atención especial a ese viaje y le dedica diez capítulos,  que, más que un itinerario geográfico es teológico. Para que podamos profundizar en lo que  significa en la vida de Jesús.  La comunión en su misión será comunión en su camino y en su destino.

 

Jesús debe ocupar el primer puesto en el corazón del discípulo. Se nos  presentan las «condiciones»: no tener donde reclinar la cabeza: vivir con sobriedad; los comodones no sirven para el seguimiento; dejar toda ocupación que no sea anunciar el Reino: disponibilidad para el Señor; y no volver la vista atrás por miedo o pereza; no ser tibios, calculadores, ambiguos, del «si… pero…».

 

Exige mucho, pero ofrece y da mucho más.

 

No es una condición. Es una seducción. Se quedan asombrados. Jamás se habían encontrado con un amor tan intenso, con una ternura tan entrañable. «Vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Ga12, 20), dirá San Pablo.

 

El seguimiento exige estar seducido, enamorado de Jesús y de sus valores y principios que están en el Evangelio. «Tener fe es estar enamorado» (Julien Green). No es una locura.  Es un seguimiento enamorado. Es la verdadera libertad.  «Para la libertad nos ha liberado Cristo» (2ª lect.)

 

San Pablo, después de enumerar en la Carta a los romanos las dificultades que nos pueden amenazar  -«La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada»-, concluye: «En todas estas cosas vencemos por Aquel que nos amó. Porque estoy persuadido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo venidero, ni las virtudes, ni la altura ni la profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separamos del amor de Dios en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rom 8, 35-39).

 

¿Qué dificultades han aparecido en tu vida por seguir a Jesús? Ahora, ¿qué quiere Dios de ti?¿qué te está pidiendo? ¿qué estoy dispuesto a ofrecerle?

 

DÍA DEL PAPA: Todos los días rezamos por el Papa: «Donde está Pedro, allí está la Iglesia» decía san Ambrosio en el año 375. Donde está el Papa, se manifiesta la unidad, la universalidad y la apostolicidad de la Iglesia de Jesús. Amar al Papa, rezar por él, conocer y aceptar con devoción sus enseñanzas, es una forma sencilla y eficaz de vivir en comunión directa con la Iglesia original de los apóstoles y con la misma revelación del propio Jesús.

 

Con afecto y gratitud le deseamos: ¡Felicidades santo Padre Francisco! ¡Tu est Petrus!

 

A través de la Diócesis, le haremos llegar la colecta, nuestro pequeño donativo, –Óbolo de san Pedro-, para que pueda ejercer la caridad con los pobres. Esa antiquísima tradición, vínculada a la colecta organizada por el propio san Pablo para socorrer a los pobres de la Iglesia madre de Jerusalén. «Solo te pido que no te olvides de los pobres» (Card. Humes en la elección de Francisco).