DOMINGO 14 TO/C. 3-VII-16 EVANGELIZADORES
Lucas describe la segunda misión en la que Jesús envía a los setenta y dos discípulos. Misión universal: todos los pueblos están llamados al Reino de Dios.Todos los discípulos han de participar en la tarea de la evangelización; también nosotros. Son enviados de dos en dos, como señal de que su testimonio es válido, como ayuda mutua y como representantes de la comunidad. La comunidad es evangelizadora. El Evangelio no es una mercancía que se vende, sino una propuesta en libertad. La tarea no es fácil. Jesús advierte que los envía como corderos en medio de lobos; también hoy hay muchos lobos.
Este Evangelio nos invita a que refresquemos la memoria y el corazón con algunos (pocos) textos de la Exhortación del Papa, «La alegría del Evangelio», donde se invita a todos los bautizados a vivir una nueva etapa evangelizadora de la Iglesia, marcada por la alegría.
«Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo»(27). «Salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma.Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los sontenga, sin un horizonte de sentido y de vida» (49). No podemos quedarnos tranquilos en la espera pasiva en nuestros templos. Es urgente una pastoral misionera, un dinamismo de «salida», de búsqueda, de escucha, de acompañamiento, de ofrecimiento audaz: «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (20).
Jesús es el centro del Mensaje. La finalidad de la misión es posiblitar el encuentro de cada persona con Jesús. «Un mensaje con frescura y «olor a Evangelio». «Volvamos a Jesús, volvamos al Evangelio»(Ch. De Foucauld). «Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta» (Francisco). «Jesucristo puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y sorprendernos con su constante creatividad divina» (11). Cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo de que sólo Él nos salva. El discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro.
No se puede perseverar en una evangelización fervorosa si uno no sigue convencido, por experiencia propia, de que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón.
El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera… Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie. (266)
¿Intento ser un Evangelio vivo para los demás?¿El amor a Jesús me lleva a un amor concreto y efectivo a los demás? Cuidemos la oración y la vida espiritual, también en el verano. «Huimos de la oración porque tenemos miedo de encontrarnos a nosotros mismos» (J. Philippe). Si permanemos fieles a la oración poco a poco nos volvemos más apacibles, más delicados, más atentos a los demás: Comunicamos la paz de Dios. Tratemos de participar, -e invitemos a otros-, de las celebraciones litúrgicas. «La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia» (24).
