DOMINGO 31 TO /C .30-10-16

El Evangelio de Zaqueo, otra joya de san Lucas. Encuentro entre Jesús y Zaqueo, proceso de conversión. El Señor sale al encuentro para ofrecer incondicionalmente su amistad. El siempre toma la iniciativa. No importa cómo sean las personas, nunca nos da por perdidos. No nos ama porque seamos buenos, sino porque Él es bueno. Porque Él nos ama podemos ser buenos. Como dice san Juan «Él nos amó primero» (1Jn 4,10).

Zaqueo no tenía buena fama: era jefe de publicanos y rico.»Todos murmuraban diciendo:  Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador!». Le despreciaban por ser publicano -recaudador de impuestos para los romanos-. Andaba en las arenas movedizas del pecado y la in-felicidad, pero cuando todos le miran mal, Jesús le mira con buenos ojos; cree en él.

Zaqueo, pequeño de estatura,  se sube a una higuera para ver a Jesús. Jesús levanta los ojos para ver a Zaqueo. «Baja enseguida». Y se conmueve su vida ante la mirada de Jesús. En definitiva, le está diciendo: «Quiero ser tu amigo».  Zaqueo bajó y lo recibió muy contento.

Jesús no le reprende  ni le apremia a que cambie de vida. Es él quien, al experimentar el amor gratuito y generoso del Maestro, dice:»Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres…». La experiencia del amor de Jesús  despierta en el publicano una inmensa generosidad, consigue salir de una vida corrupta y le impulsa al amor gratuito a los demás. Antes se aprovechaba,  ahora comparte. Se convierte y se compromete con la justicia. La conversión de Zaqueo tiene una proyección social.

En Zaqueo destaca la búsqueda, el interés por Jesús. La amistad de Jesús con Zaqueo ha supuesto un ofrecimiento y una aceptación. El mismo ofrecimiento se lo hizo también al joven rico, pero éste optó por el dinero frente a Jesús (Lc 18,18-22); Zaqueo, por el contrario, optó por Jesús frente al dinero.

Zaqueo tuvo que superar algunos obstáculos para el encuentro con Jesús, dice el Papa Francisco: «Era bajo de estatura». «También nosotros podemos caer en el peligro de quedarnos lejos de Jesús porque no nos sentimos a la altura, no damos la talla, tenemos una baja consideración de nosotros mismos: De la autoestima y de la fe. Nuestra estatura, nuestra identidad espiritual es que somos hijos de Dios, amados de Dos. Para Jesús nadie es insgnificante; todos somos predilectos e importantes. ¡Tu eres importante para Dios! Otro obstáculo fue la vergüenza paralizante. ¡Qué ridículo subido en un arbol!  Las murmuraciones de alrededor y las críticas hipócritas pueden bloquear. Nos llamarán ilusos, soñadores porque con Jesús queremos una nueva humanidad que no acepta el odio, las injusticias, los muros y las barreras. La mirada de Jesús no se detiene en las apariencias, va al corazón». Búscalo en la oración.

También a nosotros, Dios nos ama por encima de nuestras mediocridades, a pesar de nuestros pecados. Jesús nos busca y nos dice lo mismo que a Zaqueo: Baja, acércate a mi, hoy quiero hospedarme en tu casa, ser tu amigo y llenarte de luz, alegría y liberación. «Hoy ha sido la salvación de esta casa». Cuando entra el amor se rompen las cadenas y comienza el cambio  de vida, para compartir con generosidad; para hacer presente en el mundo el amor y la misericordia de Dios.