DOMINGO XXXIII TO/C. 13-XI- 2016

 

Lucas concluye la predicación de Jesús con un discurso escatológico  sobre el fin de los tiempos. Más que un evangelio o anuncio de buenas noticias parece, en una primera impresión, una crónica  negra de desgracias, dramas, tragedias y sufrimiento experimentados a lo largo de la historia. Hoy día algunos lo sufren de modo especial: destrucciones, guerras, revoluciones, levantamientos de pueblo contra pueblo, de hombres contra hombres, refugiados, terremotos, sequías, epidemias, violencias, persecución religiosa, juicios vergonzosos, atentados contra la libertad, traiciones de personas en las que se confiaba, odios y humillaciones por ser seguidor de Jesús.

Con un lenguaje simbólico y diversidad de imágenes, se nos comunica una verdad de fe fundamental: Cristo vendrá con poder divino para juzgar al mundo y llevarse a los suyos para siempre con Él. En este marco, se sitúa también la vertiente personal de esta dinámica histórica de la salvación. Hay un final de la vida para cada uno de nosotros,  un encuentro con el Se or resucitado y el encuentro pleno y definitivo del Día final.

La finalidad de este discurso en Lucas consiste en dar  a los creyentes la fuerza y el coraje para que puedan vivir el seguimiento de Jesús en medio de las pruebas y dificultades, recordándoles el valor del tiempo presente y enfrentándolos al tiempo del testimonio. «Esto os servirá de ocasión para dar testimonio» (Evang.).

Es una invitación a resistir en tiempos difíciles, mantener la fe, cuidar la vida interior, vivir las Bienaventuranzas. Una invitación la lucidez y al discernimiento frente al enga o y la confusión;  a la serenidad y a la paciencia frente al pánico y a la precipitación; a la fortaleza y al testimonio frente a la persecución y la cobardía; a la esperanza y a la perseverancia frente al desánimo y la claudicación. Y todo esto con la garantía de un final dichoso: «Con vuestra perseverancia, salvaréis vuestras almas».

No sabemos cuándo llegará la consumación. Mientras tanto debemos entregarnos apasionadamente a la construcción del Reino, al anuncio del Evangelio.También hoy hay cristianos, tentados como los tesalonicenses (2ª lect.), que se distraen en la superficialidad, que traicionan su vocación de sal, fermento y luz (Mt 5,13-16). Tentación en nuestros días de recluirnos en la esfera de lo privado, encerrarnos, y desentendernos del compromiso  social. «Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades». La esperanza en la salvación final no nos lleva a desentendemos de las cosas de este mundo, sino que nos mueve a hacernos responsables del bien de los demás, del acercamiento permanente de nuestra vida a los planes definitivos de Dios. Con la oración, el trabajo y el amor generoso (Vaticano II, GS 39.43). Sin olvidar que, la verdadera evangelización es  fruto de la santidad. Santificarse en el mundo y santificar el mundo.

DIA DE LA IGLESIA DIOCESANA: Un día para rezar por nuestras diócesis de Pamplona y de Tudela, y también para colaborar especialmente con el sustento de nuestra Iglesia Diocesana. Para dar gracias a Dios. Todos los bienes de la salvación los hemos recibido a través de la Iglesia. La Iglesia es tu casa.»Es el hogar y oasis de la misericordia del Padre… El Año de la Misericordia nos recuerda que todos somos acogidos y queridos como hijos» (Arzobispo).

Si tu amor no pasa por el bolsillo y la cartera, ¿cómo mantener vivas las Obras de Misericordia?