EL VELO

 

 

            De un tiempo a esta parte, se viene planteando entre nosotros una pequeña polémica a propósito del velo de las niñas y mujeres musulmanas. Hasta cierto punto, el alto número de niñas y mujeres que utilizan el velo como atuendo habitual por razones religiosas y culturales es algo nuevo. Pero no tanto como para crear un problema desconocido. Al fin y al cabo, hace cincuenta años, muchas mujeres de nuestros pueblos también andaban habitualmente con la cabeza cubierta.

 

            Tratando de ver las cosas “con ojos cristianos”, con una mirada de respeto, me parece que debemos admitir sin titubear el derecho de las mujeres musulmanas a usar su velo sin restricciones de ninguna clase. Viven con nosotros, son miembros de nuestra sociedad, tienen el derecho a profesar y practicar su fe en todo aquello que no vaya contra los derechos de los demás y no rompa las normas básicas de nuestra convivencia. ¿A quién perjudica una niña musulmana por acudir al colegio con su velo?

 

            Si a nosotros nos parece mejor la libertad de ir con la cabeza descubierta, es ya otra cuestión. En la convivencia, además de la tolerancia, entra la comunicación entre los diversos grupos y la influencia de unos sobre otros. La convivencia entre cristianos y musulmanes, bien planteada, hará posible que las personas cambien y que las mismas costumbres evolucionen, tratando de buscar siempre lo mejor, lo más verdadero, lo más humano, los signos religiosos más adecuados.

 

            Pero esta evolución no se puede imponer por decreto. No es competencia del Estado cambiar las costumbres de los ciudadanos imponiendo sus propios patrones, que a lo mejor son más discutibles que los que se pretende corregir. ¿Es que la manera de presentarse de muchas jóvenes es un modelo digno de ser imitado?

 

            En una sociedad tan plural como la nuestra, cada grupo tiene que poder manifestarse como es sin agraviar ni molestar a los demás. La verdadera actitud ante la variedad social, es admitirla en un marco de respeto y mutua aceptación. Si en una escuela hay alumnos cristianos y musulmanes, lo justo es dar cabida a los signos de unos y de otros,  sin exclusiones ni conflictos. Mucho peor sería esa solución falsamente democrática de imponer el vacío. Como hay varias de religiones, fuera con todas. No, si hay variedad de religiones que cada una tenga su lugar y que todos aprendan a convivir en paz, siendo fieles a las propias convicciones y respetando las de los demás.

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