Don Fernando, amigo

DON FERNANDO, AMIGO.

¡Se nos ha ido un gran Pastor!

A la salida del funeral de la catedral, se me han acercado muchas personas (sacerdotes, religiosas y laicos) que me daban el pésame… porque tú eras su amigo. Lo he agradecido mucho.

Quien tiene un amigo, tiene un tesoro. La amistad verdadera es como la salud: No sabes lo valiosa que es hasta que la pierdes porque el amigo se va. Pero, la amistad verdadera no puede romperse nunca. «Amistad fuerte, dura más allá de la muerte»

He tenido lo que considero una gracia de Dios, de contarme entre los muchos amigos que tenía don Fernando.

Era muy trabajador. Una anécdota entre amigos: La ventana del despacho del Obispo en su casa, coincide con el patio por el que entran a casa las Hijas de la Caridad de la Providencia. Siempre tuvieron mucha amistad y atenciones con Don Fernando. Sor Luciana, ya fallecida, se preocupaba de Don Fernando como una madre; y le preparaba la manzana asada para merendar él y el acompañante. Cuando por la noche, tarde, salía a cerrar las puertas y veía con luz el despacho del Arzobispo, cogía el teléfono y le llamaba: «Don Fernando ya es hora de descansar; deje el ordenador y ya seguirá mañana. Hasta mañana si Dios quiere». Y don Fernando agradecía esta confianza de Sor Luciana.

Conocido y tratado de cerca, brillaba todavía más en todas sus virtudes y cualidades; en su humanidad, lealtad y nobleza, su bondad, su humildad. Mirar sus muchos libros, que suponen horas y horas de reflexión y de ordenador, nos hablan de su capacidad trabajadora. Una «cabeza bien amueblada» y muchas horas de reflexión, trabajo y empeño. En la imprenta está el último que ha escrito. La enfermedad le ha sorprendido trabajando otro nuevo.

Bien destacó en Misa funeral el Arzobispo don Francisco: «Su gran capacidad intelectual, su honda sabiduría, quedó demostrada en sus largos años de docencia, en sus múltiples escritos, en sus incontables charlas, conferencias, que caracterizaron toda su vida. Nunca dejó de servir a la Iglesia aportando claridad de pensamiento, lucidez y precisión en sus análisis de la sociedad, de la pastoral, de la realidad eclesial, firmeza en las ideas esenciales, finura teológica al exponerlas… Han sido y serán muchos los que se enriquecerán de su saber. Cuando hace años, el entonces cardenal Bergoglio dirigió los ejercicios espirituales a los obispos españoles, fueron presentándose uno a uno al arzobispo de Buenos Aires. Al llegarle el turno a D. Fernando, dicen que el actual papa le respondió: «No hace falta que se presente, ya le conozco, leo sus escritos». Aprecio que el papa demostró al crearle cardenal en 2014″.

De esto mismo fue testigo, Don Jesús, el obispo de Málaga años después en Roma, siendo Papa Francisco: «En el momento del saludo Don Fernando le ofreció unos libros que había publicado, y el Papa, cogiendo los libros y mirándole a los ojos le dijo: «Ha sido Vd. un maestro para mí».

Un bautizado, injertado en Jesucristo, asociándose a su muerte para participar un día de su resurrección. Recordamos con veneración cuando decía aquí en Navarra: «Sólo tenemos el poder del amor de Dios en la Cruz victoriosa de Cristo Resucitado: «Esta fe ha sido el fundamento de la grandeza moral de nuestros padres; apartarse de ella será fuente de muchos errores y muchos sufrimientos» .

A los colaboradors más cercanos, nos fue convirtiendo de colaboradores en amigos, ofreciéndonos confianza y cordialidad. ¡Cuánto hemos podido aprender de su persona y de su Magisterio!

Nos queda un sentimiento de orfandad grande. Como dijo el Obispo de Málaga en la homilia de su funeral, «Con la partida de D. Fernando unos han perdido a un padre, otros un familiar o amigo, otros un hermano. Pero todos hemos perdido a un gran maestro, que ha sabido interiorizar las enseñanzas del único y divino Maestro, Jesucristo, y nos las ha enseñado de manera magistral».

«Que la Santísima Virgen María, de la que nuestro hermano Fernando era un gran devoto, como buen «Hijo del Corazón Inmaculado de María», lo acompañe ante la presencia de Dios y lo conduzca hasta las moradas eternas, concediéndole el gozo pleno y la paz perpetua, tras haber sido un fiel servidor del Evangelio, un gran maestro y un abnegado pastor«.

Un amigo sabe escuchar y comprender. Con su amistad hemos gozado y saboreado de la confianza, las confidencias, el repaso de lo esencial e importante en la vida sacerdotal, en las tareas pastorales. Conocer y apreciar su corazón ha sido para mí una suerte grande. Siempre recordaba que se evangeliza amando, con corazón de buen pastor, que busca a la oveja perdida o enzarzada en el matorral y la carga sobre sus hombros con el amor del buen pastor. Nos tenemos que querer, me decía.

Cuántos buenos recuerdos vividos y saboreados, aquí en Pamplona, en el trabajo de cada día y después en Málaga, en la Casa Diocesana, donde Don Fernando ha sido muy querido y fue siempre muy bien cuidado; donde disfrutamos mucho con la buena acogida en la Casa, y los paseos por el Paseo Marítimo, con derecho a chiringuito en la Malagueta; un remanso de serenidad y de bonanza. Cordialidad, mucho afecto y enriquecimiento para seguir trabajando. Una bendición de Dios.

Es el momento del agradecimiento. Damos gracias a Dios y le agradecemos a él su servicio a la Iglesia. En todo momento nos ha alentado a vivir con fidelidad y alegría el amor a la Iglesia. Su presencia entre nosotros ha sido fuente de gracia, apoyo y aliento. Nos ha confirmado en la certeza de la fe -La fe que nos salva-, contagiándonos su entusiasmo por evangelizar. Un buen pastor apasionado por Dios y por el anuncio del Evangelio de Jesucristo al mundo, nos ha santificado celebrando la fe y subrayando la importancia de la vida sacramental, el amor a la Virgen.

Su lema episcopal Véritas in caritate –primacía de la verdad y del amor, ha sido el hilo conductor que le ha guiado en su misionar. Un Claretiano, lleno de celo y ardor misionero. Supo poner los puntos sobre las «íes» y llamar a las cosas y acontecimientos por su nombre, aunque le costó sufrir por ello. «No se puede matar ni apoyar a los que matan, ni apoyar alos que apoyan a los que matan»(Funeral Tomás Caballero, mayo 1998). Un creyente audaz y a contracorriente, un gran misionero.

Don Fernando era humilde. Unas declaraciones recientes, nos reflejan su situación de Obispo, jubilado y viejo:

Afirmó que «daba gracias a Dios por «llegar a viejo». Creo que un hombre no es del todo él mismo hasta que no vive su propia vejez, porque es la última fase de la cocción que uno tiene que hacer para madurar, para poder ir al cielo.

Y yo doy muchas gracias a Dios por estos años de serenidad, de distancia, de humildad … porque el jubilado en la vida no es nadie y se va muy a gusto por la calle sin ser nadie. Y vives muy a gusto con la gente, ves las cosas como no las has visto en tu vida, y tienes una distancia de tu propia vida, que te permite ver las realidades de la sociedad sin aspiraciones, sin pasiones, sin codicias. Eso da paz, serenidad y sabiduría, y una sabiduría que no puedes usar para imponerte sobre nadie sino para madurar tú tu propia vida. Yo me imagino que estoy retocando el conjunto de mi vida, adecentándola en presencia de Dios y tratando de ser mejor cristiano de lo que he sido en los años anteriores».

Solo la santidad es la verdad de nuestra vida; y fuera de ella, todo es mentira, todo es caduco, borroso… porque no está Jesucristo (Conferencia en San Miguel, noviembre 2018).

En todo momento nos ha alentado a vivir con fidelidad y alegría el amor a Cristo y a la Igiesia. «¡Servir a la Iglesia es un premio! … , decía. Solo lamento no haber hecho más y mejor». Gracias. Eskerrik asko. San Fermín y san Francisco Javier te reciban con los Santos!

 

Pamplona, 28 de enero de 2019.

Fiesta de Santo Tomás de Aquino.

Luis Mª Oroz Arraiza, Párroco.

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